Qué son los cuasicristales es una de esas preguntas que suena a ciencia ficción, pero en realidad habla de un tipo de materia muy real y bastante sorprendente. Durante décadas se pensó que eran imposibles, y hoy sabemos que aparecen tanto en laboratorios como en meteoritos que han cruzado el cosmos.
En esta entrada vamos a ver qué son exactamente los cuasicristales, por qué rompieron las reglas de la cristalografía clásica y cómo se las apañan para tener orden sin repetir patrones. También veremos dónde se han encontrado en la naturaleza, qué tienen que ver con explosiones nucleares y qué aplicaciones empiezan a tener en materiales del día a día.
Intentaré explicarlo de tú a tú, sin fórmulas ni tecnicismos raros. La primera vez que leí sobre cuasicristales pensé que era “paja matemática”, hasta que vi imágenes de sus estructuras y entendí por qué han fascinado tanto a físicos, químicos y a gente que mira el cielo con la boca abierta. A partir de ahí, caes en el agujero: cosmos, meteoritos, materiales imposibles… y no hay vuelta atrás.
Índice
- Qué son los cuasicristales explicados sin tecnicismos
- Historia de los cuasicristales: del escepticismo al Nobel
- Cuasicristales en el cosmos: meteoritos, explosiones y rayos
- Cómo se forman y qué propiedades tienen los cuasicristales
- Usos actuales y futuros de los cuasicristales
- Lo que nos enseñan del universo
Qué son los cuasicristales explicados sin tecnicismos
Para entender qué son los cuasicristales, ayuda empezar por algo conocido: los cristales de toda la vida. Un cristal (de sal, de azúcar, de cuarzo…) es un material donde los átomos están ordenados y ese patrón se repite una y otra vez, como un papel pintado que se repite sin cambios.
En un cristal clásico, si eliges un átomo y te mueves cierta distancia en una dirección concreta, te encuentras siempre el mismo entorno. Hay simetría y repetición periódica. Esa periodicidad es lo que durante muchos años se consideró obligatorio para que algo fuese un cristal.
Los cuasicristales rompen esa idea. También están ordenados, pero su patrón nunca se repite exactamente. Es como un mosaico que sigue reglas claras, pero en el que no hay dos zonas exactamente iguales. Aun así, si miras el conjunto, ves simetrías muy marcadas, incluso del tipo que se consideraba “prohibido”, como la simetría de cinco puntas.
Idea clave: un cuasicristal es un sólido en el que los átomos están ordenados, pero no forman un patrón que se repita periódicamente. Hay orden, pero no hay “baldosa” básica que se copie sin fin.

Qué son los cuasicristales frente a cristales y vidrio
Si comparamos, tenemos tres grandes familias sencillas. Un cristal clásico es como un suelo de baldosas idénticas colocadas con regla y cartabón. Un vidrio (como el de una ventana) es más caótico: los átomos están colocados casi al azar, sin patrón claro. Los cuasicristales se sitúan en medio.
Imagina un suelo hecho con piezas de varios tamaños que encajan sin dejar huecos, pero sin un cuadradito que puedas copiar y pegar para cubrir todo. Cada zona es distinta, aunque el conjunto tiene simetrías y “ritmo”. Eso es lo que pasa en la estructura interna de un cuasicristal.
| Tipo de material | Orden interno | ¿Se repite el patrón? | Ejemplo cotidiano |
|---|---|---|---|
| Cristal clásico | Ordenado y periódico | Sí, se repite exactamente | Sal de mesa, cuarzo |
| Vidrio | Poco orden a gran escala | No hay patrón claro | Vaso de cristal, ventana |
| Cuasicristal | Ordenado, pero aperiódico | No se repite, aunque hay simetría | Aleaciones metálicas especiales |
Lo que hace especiales a los cuasicristales es que, pese a no repetir patrón, siguen produciendo patrones nítidos cuando se les estudia con técnicas como la difracción de rayos X. Eso es una señal clara de orden atómico, aunque ese orden no sea periódicamente repetitivo.
Qué son los cuasicristales para Dan Shechtman
La historia moderna de qué son los cuasicristales empieza con un nombre propio: Dan Shechtman. En 1982, este científico observó en una aleación de aluminio y manganeso un patrón de difracción con simetría de cinco puntas. Según los libros de la época, eso no encajaba en ningún cristal posible.
Shechtman insistió, repitió experimentos y defendió sus resultados en medio de mucho escepticismo. Con el tiempo, otros grupos lograron crear materiales similares y el concepto de cuasicristal se aceptó. Tanto que en 2011 recibió el Premio Nobel de Química por este descubrimiento, que obligó a redefinir qué consideramos un cristal.
Si quieres leer la versión más formal, puedes echar un ojo al artículo de cuasicristales en Wikipedia o al resumen del Nobel en la nota de la agencia SINC sobre el Premio Nobel de Química 2011. Aquí vamos a quedarnos con la idea sencilla: el descubrimiento de los cuasicristales abrió una puerta nueva en la forma de ordenar la materia.
Consejo rápido: si te pierdes con palabras como “aperiódico”, piensa en mosaicos que no repiten dibujo pero siguen reglas. A partir de esa imagen, entender qué son los cuasicristales resulta mucho más fácil.
Historia de los cuasicristales: del escepticismo al Nobel
Ahora que tenemos una idea de qué son los cuasicristales, toca ver cómo cambiaron la historia de la cristalografía. Antes de los años ochenta, las reglas parecían claras: los cristales solo podían tener ciertas simetrías, y la de cinco puntas estaba fuera de juego.
La reacción inicial al trabajo de Shechtman fue bastante dura. Hubo quien llegó a decir que “no había cuasicristales, solo cuasicientíficos”. Sin embargo, los datos eran sólidos. Otros laboratorios empezaron a reproducir estructuras similares en diferentes aleaciones metálicas, y la resistencia fue cediendo.
En paralelo, matemáticos y físicos ya habían jugado con mosaicos aperiódicos, como los mosaicos de Penrose, que llenan el plano con piezas en forma de rombos sin repetir patrón. La conexión entre esas matemáticas y la estructura atómica de los cuasicristales ayudó a encajar el puzle.
| Año aproximado | Hito | Qué cambió |
|---|---|---|
| Décadas previas | Se acepta que los cristales deben ser periódicos | Los libros excluyen simetrías “prohibidas” |
| 1982 | Shechtman observa difracción con simetría de cinco puntas | Primer indicio claro de cuasicristales |
| 1984–1990 | Otros grupos reproducen cuasicristales en laboratorio | El concepto se consolida |
| 1991 | Se redefine la palabra “cristal” para incluir estructuras cuasiperiódicas | Se amplía la definición oficial |
| 2011 | Nobel de Química a Shechtman | Reconocimiento definitivo al campo |
El cambio no fue solo de nombre. A partir de aquí, la cristalografía pasó de exigir repetición perfecta a aceptar estructuras con orden de largo alcance sin periodicidad. Eso abrió la puerta a explorar nuevos materiales con propiedades distintas a las de los cristales tradicionales.
Qué debes saber: cuando hoy se define qué son los cuasicristales, se hace ya dentro de una cristalografía “actualizada”. Lo que antes era “imposible” ahora es parte aceptada del catálogo de estructuras sólidas.
Cuasicristales en el cosmos: meteoritos, explosiones y rayos
Durante un tiempo, los cuasicristales parecían una rareza de laboratorio. Aleaciones muy concretas, condiciones de enfriamiento cuidadas y poco más. Pero la pregunta era inevitable: si sabemos qué son los cuasicristales y cómo se forman, ¿pueden aparecer también en la naturaleza?
La respuesta llegó con sorpresa. En un meteorito hallado en la región de Khatyrka (Rusia) se encontraron cuasicristales naturales incrustados en una mezcla de metales sometidos a presiones extremas. Es decir, el “horno” que los había cocinado no era un laboratorio, sino una colisión violenta entre cuerpos del sistema solar.
Más tarde se han identificado estructuras cuasicristalinas en materiales formados por rayos que funden arena (fulguritas) y, de forma muy llamativa, en los restos de la prueba nuclear Trinity en Estados Unidos. Allí, el calor y la presión de la explosión fusionaron arena y metal en un vidrio rojo donde aparecieron pequeñas regiones cuasicristalinas.
| Entorno | Origen del cuasicristal | Condiciones extremas |
|---|---|---|
| Meteorito (Khatyrka) | Colisión de cuerpos del sistema solar | Altas presiones y temperaturas |
| Fulguritas | Impacto de rayos sobre arena y metal | Descargas eléctricas muy intensas |
| Vidrio de la prueba Trinity | Explosión nuclear que funde arena y cables | Ola de choque y calor extremos |
Todo esto refuerza una idea importante
Los cuasicristales son estructuras que se forman en el caos controlado de impactos, explosiones y descargas eléctricas. Ahí, los átomos se desordenan y reorganizan tan rápido que pueden quedar atrapados en configuraciones que normalmente serían muy difíciles de alcanzar.
Por qué importa: entender qué son los cuasicristales en meteoritos y materiales extremos ayuda a reconstruir la historia violenta del sistema solar y a imaginar qué está pasando en otros planetas con superficies muy castigadas por impactos.
Si te atrae el cielo y sus fenómenos raros, este tipo de hallazgos encajan muy bien con otras historias de impactos y observaciones. En Pizquita ya hemos hablado de eventos espectaculares en el cielo, como en el artículo sobre cómo observar la lluvia de estrellas Oriónidas 2025 en España, que también nos recuerda que el espacio está lleno de restos que visitan nuestro planeta.
Cómo se forman y qué propiedades tienen los cuasicristales
Una vez sabemos qué son los cuasicristales y dónde pueden aparecer, toca ver cómo se forman. En laboratorio, normalmente se parte de una aleación de varios metales (por ejemplo, aluminio con otros elementos) que se funde y se enfría muy rápido. Ese enfriamiento brusco evita que los átomos se acomoden en la estructura cristalina típica y favorece configuraciones cuasiperiódicas.
En la naturaleza, los procesos son menos suaves. Impactos de meteoritos, ondas de choque, descargas eléctricas o incluso procesos profundos en el interior de la Tierra pueden generar las presiones y temperaturas necesarias para “forzar” a los átomos a adoptar un orden cuasicristalino.
Lo interesante es que, una vez formados, muchos cuasicristales resultan bastante estables. No son estructuras frágiles que se rompan al primer cambio. Algunos mantienen su orden incluso a temperaturas relativamente altas, lo que los hace atractivos para aplicaciones donde el material tiene que soportar calor y desgaste.
| Propiedad | Qué suele ocurrir en un cuasicristal | Por qué es interesante |
|---|---|---|
| Conductividad térmica | Baja | Pueden aislar del calor |
| Conductividad eléctrica | También suele ser baja | Útiles como recubrimientos aislantes |
| Dureza superficial | Alta en muchas aleaciones | Resisten bien al desgaste |
| Resistencia a la corrosión | Buena en ciertos casos | Más vida útil en ambientes agresivos |
Materiales estrella
Algunas de estas propiedades recuerdan a otros materiales “estrella” de la ciencia de materiales moderna, como el grafeno o ciertos recubrimientos cerámicos. En la práctica, los cuasicristales no vienen a sustituirlos, pero sí a ampliar la caja de herramientas de los ingenieros.
Truco práctico: cuando leas sobre qué son los cuasicristales en artículos técnicos, fíjate en dos palabras: “dureza” y “baja conductividad”. Son dos pistas claras de por qué estos materiales acaban interesando en aplicaciones reales.
Si te intriga cómo un sistema puede ser tan complejo y, aun así, seguir reglas claras, quizá te interese también nuestra reflexión sobre complejidad en el artículo sobre el cerebro humano como sistema más complejo del universo. En ambos casos, el reto está en entender patrones que no son evidentes a simple vista.

Usos actuales y futuros de los cuasicristales
Una cosa es saber qué son los cuasicristales y otra muy distinta es conseguir que resulten útiles en la práctica. Durante años, gran parte del interés fue puramente científico. Con el tiempo, sin embargo, han ido apareciendo aplicaciones concretas, sobre todo en forma de recubrimientos.
Gracias a su dureza y a su baja fricción, algunos cuasicristales se han probado como capas superficiales en herramientas de corte y piezas mecánicas. La idea es que la superficie sufra menos desgaste, se adhiera menos suciedad y resista mejor temperaturas altas.
También se han estudiado como recubrimientos antiadherentes, por ejemplo en utensilios de cocina, aunque aquí compiten con otros materiales más conocidos. Y, por su estructura particular, hay interés en usarlos en componentes electrónicos específicos o en diseños donde se quieran controlar bien las propiedades térmicas.
| Posible aplicación | Qué aporta un cuasicristal | Situación actual |
|---|---|---|
| Herramientas de corte | Mayor resistencia al desgaste | Ensayos y usos muy específicos |
| Recubrimientos antiadherentes | Menor fricción y buena dureza | Investigación y pruebas limitadas |
| Componentes electrónicos | Control de conductividad y calor | Campo todavía muy experimental |
| Materiales sostenibles | Más eficiencia y durabilidad | Integración con otras tecnologías “verdes” |
Sostenibilidad e impacto real
Aquí entra en juego otro tema del que hablamos mucho en Pizquita: cómo hacer que la tecnología sea más eficiente y sostenible. Si te interesa esa parte, te puede encajar nuestra entrada sobre ejemplos de tecnología sostenible, donde se ve cómo pequeños cambios en los materiales pueden suponer grandes ahorros de energía.
Qué puedes hacer: más allá de saber qué son los cuasicristales, lo interesante para ti como lector es entender que la ciencia de materiales sigue abriendo puertas. Cada nuevo “material raro” puede acabar, con el tiempo, en productos más eficientes, resistentes o sostenibles.
A nivel personal, uno de los aspectos que más me enganchó al aprender qué son los cuasicristales fue ver cómo un descubrimiento aparentemente abstracto termina teniendo impacto real. Pasas de patrones de difracción y mosaicos matemáticos a recubrimientos que alargan la vida de herramientas y a pistas sobre el clima violento de otros mundos.
Qué son los cuasicristales y qué nos enseñan del universo
Podemos resumirlo así: saber qué son los cuasicristales es entender una tercera forma de ordenar la materia, distinta de los cristales clásicos y de los sólidos amorfos. Tienen orden, pero no repiten patrón, muestran simetrías que se creían imposibles y aparecen tanto en laboratorios como en meteoritos y materiales sometidos a condiciones extremas.
Su historia nos recuerda varias cosas. Primero, que la ciencia no es infalible, y que a veces hace falta alguien empeñado en defender datos incómodos para que cambien los libros. Segundo, que el universo es muy creativo: impactos, rayos y explosiones acaban dejando huellas en forma de estructuras atómicas sofisticadas.
Por último, los cuasicristales enlazan muy bien la curiosidad básica con la utilidad práctica. Nacen de preguntas casi filosóficas sobre el orden y el desorden, y terminan en materiales duros, recubrimientos y posibles diseños tecnológicos novedosos. Si te gustan temas como observar un eclipse total en España o seguir la pista a fenómenos extremos del cosmos, los cuasicristales son otro recordatorio de que la frontera entre “materia imposible” y realidad es más fina de lo que parece.
En definitiva, ahora sabes qué son los cuasicristales y por qué se les llama a veces “materia imposible del cosmos”. No solo amplían nuestro catálogo de materiales, sino que también nos obligan a aceptar que el universo puede organizar la materia de formas que durante mucho tiempo consideramos sencillamente imposibles.

