“Deadwood”, una de las mejores series de los últimos años, será una de las protagonistas de la programación del verano de FOX.
Clint Eastwood recuperó el western para el cine con “Sin perdón”
en 1992 y el lanzamiento de “Deadwood” en 2004 supuso el renacimiento
del género en la pequeña pantalla. El artífice del milagro
fue David Milch, productor de larga experiencia televisiva al que debemos los
éxitos “Policías de Nueva York” o “Canción
triste de Hill Street”, quien con el apoyo de HBO dio a luz una serie diferente
y original que aborda con veracidad el nacimiento de una ciudad real del oeste
norteamericano
FOX, que en su día estrenó la serie en España, repite
primicia con la emisión en exclusiva de la tercera y última temporada,
que estará en antena la noche del sábado al domingo, a las 00.50
horas, desde el 9 de agosto.
La verdadera protagonista de “Deadwood” no es otra que la ciudad
que le da título. Fundada a mediados del siglo XIX en Dakota del Sur
como población minera, la localidad de Deadwood es un modelo de la vida
en el viejo oeste: antiguo territorio indio –en sus tierras habitaron Cheyennes,
Kiowa, Pawnee, Arapaho, Crow y Sioux, estos últimos hasta bien entrado
el siglo XIX con líderes como el mítico Toro sentado-, tras la
llegada de las primeras oleadas de población blanca alrededor de 1850,
se convirtió en uno de los escenarios de la llamada fiebre del oro, que
llenó de buscadores sus calles hasta crear un núcleo de población
bastante populoso, que en la década de 1870 alcanzó su mayor momento
de esplendor.
Es en este escenario y en este momento, entre 1876 y 1877, justo unos pocos
años antes y algunos después de la anexión del territorio
a la Unión, en el que David Milch sitúa la acción de la
serie: un western sin héroes y sin moralina.
Los protagonistas de “Deadwood” no son ni buenos ni malos, sino supervivientes
de un tiempo histórico concreto y de un lugar en el que la ley y el orden
todavía no existen y hay que improvisar. Además, muchos de ellos
son reales. Según las crónicas, Deadwood fue residencia o lugar
de paso de célebres leyendas del oeste como la exploradora Calamity Jane,
el aventurero Wild Bill Hickok, el ingeniero de minas George Hearst -abuelo
del magnate de la prensa William Randolph Hearst-, el buscador de oro Sol Star
o el comerciante y primer alcalde de Deadwood E. B. Farnum, todos incluidos
en los argumentos de las tres temporadas de la serie, junto con el sheriff Seth
Bullock, convertido en protagonista principal de la misma bajo la piel de Timothy
Olyphant (“Me llamo Earl”).
En la tercera temporada, Milch sigue proponiéndonos su maravilloso cruce
entre realidad y ficción e introduce en la trama a otra gran figura del
western: el sheriff Wyatt Earp, el vencedor del duelo en OK Corral, encarnado
esta vez por Gale Harold (“Ley y orden”, “The Unit”)
Todo ello al servicio de unos guiones que insertan los hechos históricos
en los argumentos de la serie, al tiempo que inventan otras situaciones y personajes,
siempre remotamente basados en algún episodio real, hasta el punto que
un profano en la materia no podría distinguir lo verdadero de lo inventado.
Pero los guionistas no olvidan lo que se traen entre manos. En las tramas de
“Deadwood” están todos los temas clásicos del género:
juegos de azar, tiroteos, ahorcamientos, duelos, indios, colonos, nómadas
buscadores de oro y las chicas del Salloon, servidos con un toque de modernidad
en los diálogos que los hace mucho más contemporáneos.
Un grupo de actores prodigiosos completa la faena. El mencionado Timothy Olyphant
y el británico Ian McShane (“Scoop”), como el corrupto Al Swearengen,
lideran la función, secundados, entre otros muchos, por Molly Parker
(“Wonderland”), como Alma Garret, joven viuda amante de Seth Bullock;
Anna Gunn (“Policías de Nueva York”, “El abogado”)
como Martha Bullock, su esposa; John Hawkes (“La tormenta perfecta”)
como el citado Sol Star; Paula Malcomson (“A.I.”, “La milla verde”),
como Trixie, la prostituta y confidente favorita de Swearengen; la actriz de
teatro Robin Weigert (“Sin rastro”) como Calamity Jane; William Sanderson
(“Blade Runner”), como E.B. Farnum; Gerald McRaney (“JAG”),
como George Hearst y, ¡ahí es nada!, el maravilloso Keith Carradine
(“Elígeme”, “Los duelistas”, “La pequeña”,
“Dexter”) como Wild Bill Hickok.
Todos ofrecen una nueva versión de los grandes personajes del cine del
oeste, ahora dotados de un sentido crítico en ocasiones más cercano
a “A dos metros bajo tierra” que a los filmes de John Ford.
Por último, como sucede en todas las producciones de HBO, la reconstrucción
ambiental es inmejorable. Nos devuelve a una verdadera ciudad del far west salvaje
con sus casas de madera, sus calles de tierra y sus cantinas y burdeles llenos
de tipos dispuestos a volar los sesos del de enfrente por un vaso de whisky
o una partida de poker.
La tercera temporada comienza seis semanas después del final de la segunda
y marca el establecimiento de las primeras pautas de un verdadero orden civil,
con la celebración de las primeras elecciones para alcalde, que enfrentarán
a Sol Star con E.B. Farnum, y las primeras para confirmar el cargo de Sheriff,
en las que Harry Manning desafiará el poder de Seth Bullock.
También será el momento del primer despegue económico
de la ciudad, liderado por cada vez más corrupto George Hearst, destinado
a convertirse en magnate y hombre de gran poder financiero y social en Estados
Unidos y responsable en esta entrega de la muerte de algunos de sus mineros
por el simple hecho de querer formar un sindicato. No lejos de los circuitos
del poder, Alma Garret se someterá a un aborto, caerá en depresión
y volverá a consumir laúdano.
“Deadwood” está lejos de ser una “serie de televisión
más”. Es ficción en estado de gracia, una de las producciones
claves en el renacimiento del género de series de los últimos
años, un verdadero prodigio de la imaginación que supera por enteros
cualquier otro western televisivo que podamos recordar. La crítica y
los premios también han sido generosos con ella a lo largo de sus tres
temporadas de existencia. Un Globo de Oro a la Mejor Serie dramática
y siete Emmys así lo atestiguan.