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Tan muertos como yo, otra visión de la muerte
Estos días hemos vuelto a hablar del proyecto para convertir en película la serie Tan muertos como yo (Dead Like Me), incluso de la posibilidad de una tercera temporada en caso de éxito de la serie si el nuevo concepto que le darán a la película gusta a los fans. Por concepto se entiende que le darán un giro a lo hasta ahora conocido.

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Esta es una serie que aún permanece viva en la memoria de muchos a pesar de que fue anulada tras dos temporadas en el 2004, es una de estas series raras respecto a las cuales el calificativo de "culto" le cae como anillo al dedo. Tan muertos como yo es la muerte personificada para un himno a la vida así como El club de los poetas muertos era un himno a la libertad y ambas se puede resumir en una frase en latín: "Carpe Diem".

Tan muertos como yo es simplemente una celebración de la vida por muy cerca que nos encontremos de la tumba. Hay muertos que pasan completamente desapercibidos y de cuyo fallecimiento apenas nos enteramos por una breve nota necrológica en el periódico local, hay muertos más llamativos como aquellos que han fallecido a consecuencia de un crimen o un accidente y luego está la muerte de George, una muerte en titulares ya que muere aplastada por el retrete de una estación espacial que se le cae encima accidentalmente, un modo original de decir adiós. La forma de morir de la protagonista es una ilustración perfecta de la originalidad de esta serie a modo de introducción a la nueva vida de George entre “los segadores”.

La serie practica un humor negro exótico y voluntariamente provocador que a menudo logra su fin. Sin caer en las pesadeces del exceso, los diálogos encuentran un equilibrio muy justo entre lo burlesco, incluso lo absurdo de ciertas situaciones, entre las cuales se encuentran los planos escabrosos de Mason, y la sátira de la sociedad occidental moderna.

La agencia de colocaciones donde George trabajó en vida y donde acaba contratada, una vez fallecida, Happy Time, ilustra perfectamente este juicio sobre la sociedad desde un lado caricaturesco al extremo con este espacio de trabajo tan realista. Quien ha trabajado en una oficina se identifica inmediatamente con este vaso cerrado profesional. De la rutina que se instaura al estatuto tristemente clásico de generación cursillista, pasando por las clasificaciones infinitas de papeles que nadie verá en un futuro debido a la poca importancia que tienen. De sacrosanto ritual de la pausa del café a las salidas 'interempresas', todas estas facetas del medio profesional en su aspecto más caricaturesco, pero también más próximo al espectador, son retransmitidas con la distancia de la voz off de George, sarcásticas y realistas. Cada episodio le ofrece a un personaje por lo menos un storyline particular, en forma de lección, sancionando su antojo del momento o el período difícil que atraviesa, particularmente el día del aniversario de su muerte, día de descanso anual concedido por Ruben. Este humor negro deliciosamente justo también se encuentra en las consideraciones sobre la vida y los vivientes que no vacila en compartir Ruben. El pragmatismo suelto de toda consideración material del jefe del equipo y sus observaciones voluntariamente cínicas caen siempre en el sitio adecuado. Una filosofía de la vida, nacida de la postura en perspectiva por la experiencia y el estado de no viviente de los personajes, se desarrolla permitiendo una mirada sin complacencia sobre la sociedad moderna, pero con un toque de humor que evita todo efecto moralizador y pesado en el ritmo de los episodios.

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La serie tiene para héroes y personajes principales una banda sonora que constituye un verdadero himno a la vida, celebrándola y ensalzándola con personajes muertos sin embargo muy vivos. Porque más allá de los personajes, uno de los triunfos mayores de la serie se sitúa en su tono y en la atmósfera tan particular y ambivalente que consigue crear. Porque la serie escoge tratar con la muerte con tono más ligero que A dos metros bajo tierra, tratando a los muertos con lo triste de la situación y luego gracias a la conversación que se efectúa con el alma del muerto, voluntariamente toma la opción de la ligereza. Por muy paradójico que esto pueda aparecer, George, gracias a su voz off, consigue la evolución de su concepción de la vida, convirtiéndonos a nosotros, meros espectadores, en visionarios de su conciencia, sin tener que aguantar discursos moralizadores indigestos.

La identificación del telespectador con George es rápida. Todos nos podemos poner en su lugar sin saber demasiado que, ni donde buscar, todavía vacilando por no saber si algún día encontraremos nuestro lugar. La vida parece una experiencia, algunos años más, demasiado joven para inquietarse del "después" a pesar de los años que tengamos o de que la juventud ya haya pasado de largo por nuestra ventana.

Ha de morir para que George se de cuenta de lo que le rodeaba, de su familia, de su hermanita (curioso enfoque de la trama en su modo de reaccionar a la defunción de George). Ve de nuevo su vida y los errores de los que se da cuenta de repente. Sin embargo, mientras que se sigue esta realización, por cierto triste, pero igual de optimista en el sentido que nos enseña claramente que debemos tener claro las cosas que realmente son importantes antes de que las perdamos y no las podamos disfrutar más, la serie se ensancha, crece y se convierte en un gran show. La serie subraya entonces toda la futilidad y la inutilidad de una marginalidad en otro tiempo reivindicada, pero durante la cual George careció de muchas cosas simplemente porque nunca les dio importancia.

La serie nos permite seguir el duelo de la familia de George. Descubriendo cómo es esta familia disfuncional que ha de hacer frente a la defunción de su hija mayor. Una familia que nos aporta situaciones únicas. No por grandes momentos tristes a lo largo de los capítulos, sino en el seno de una misma escena podemos localizar una situación que podría parecer cómica, y que es muy emocionante al mismo tiempo. Esto retransmite una emoción, una sensibilidad subyacente y casi refrescante porque evita el obstáculo del sufrimiento humano, para ofrecernos escenas maravillosas. Sin artificios, emoción cruda que roza al espectador sin hacerlo salir de la trama o el tono del capítulo.

Cada empleado de Happy Time simboliza a ese colega al que todo el mundo conoció o conocerá en el marco del trabajo, el nuevo, el ambicioso, el que se interesa un poco demasiado por la vida privada de los demás, el enchufado e incluso el marginal.

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Pero son los personajes de “los segadores” son los que están perfectamente desarrollados y en los que reposa una gran parte de la dinámica de la serie, de este humor negro teñido de auto escarnio y de la distancia saludable que la serie sabe tomar tan bien. Conviene destacar el cambio del principio de la temporada 1, donde el personaje de Betty, apenas instalado, se encontró reemplazada por Daisy, actriz y artista según sus declaraciones, siempre pragmáticas. Inenarrable Daisy tuvo tiempo de integrarse. Su egocentrismo bajo un modo de relacionarse sin miramientos, provocaron algunas tensiones en el seno del grupo con la excepción de Mason, hipnotizado por la joven mujer, por razones más cercanas a la genética masculina que a la amistad. Sin embargo la extravagancia de Daisy comparándola con otros miembros de este grupo de “los segadores” acaba por llevarse la adhesión, del telespectador por lo menos. Y todos acabamos siendo un poco fans de la chica guapa del grupo.

Más allá de las individualidades muy afirmadas, es su convivencia forzada en el seno del equipo lo que genera el entusiasmo del telespectador. Hay una intransigencia y un aspecto exterior duro de Roxy, que sin embargo sabe estar totalmente en plenitud en momentos puntuales como en el episodio donde se descubre su muerte.

Hay un pragmatismo de Mason abiertamente amoral, apoyado sobre las drogas y otros alucinógenos. Realista hasta en las peores situaciones: "Te aconsejo tomar las de Villadiego" le suelta a George en la temporada 1, cuando Daisy intenta sacarle dinero al hijo de un muerto, mientras Mason quiere escabullirse saltando por la ventana. Aporta indiscutiblemente un elemento cómico todavía más pronunciado que otros personajes.

Ruben, detrás de su seriedad y de su rigor, es de una franqueza refrescante. Sus cambios con los diversos personajes, particularmente con George son deliciosamente punzantes.

El equipo con todos sus miembros, por su cinismo al cual contribuye su estado de no vivientes, y sus diálogos bastante creíbles, asegura una gran parte del atractivo de la serie.

Tan muertos como yo es un himno a la vida, equilibrio justo de emoción y de comedia, servido por actores sólidos y diálogos muy reales. El ambiente teñido de cinismo y de pragmatismo, ofreciendo una postura en perspectiva de nuestra vida en las sociedades occidentales modernas, devuelve un conjunto muy interesante.

Pero si algo tiene la serie que me gusta son sus créditos iniciales, que te hacen arrancar el capítulo con una sonrisa. En su corta duración encierra el perfume de la serie.

 

 


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