Además de Los Intocables, ninguna serie ha tratado el tema de la mafia con tanta maestría y su capítulo final fue como una buena película de mafiosos. Han muerto, pero pueden volver.

Histórico. Para bien o para mal. Así fue el final de la serie
que ayudó a definir la TV norteamericana en la última década.
Siempre que alguien habla de Dexter, Battlestar Galactica, o Perdidos, debería
recordar que fue a causa de que David Chase y su familia Soprano que habían
revolucionado las series semanales de manera hasta entonces inédita,
que ellas lograron nacer.
Chase (que escribió y dirigió el final) lanzó un incontable
número de referencias. Las que más me han llamado la atención
han sido:
- Cuando Tony va a visitar a Silvio en el hospital, está pasando Pequeña
Miss Sunshine. Quizás sea una manera de Chase de decir que mucho antes
de que las familias disfuncionales estuvieran de moda en el cine independiente
americano, él ya era un maestro en el asunto.
- Cuando Tony está barriendo cerca de la piscina, oyó ruido de
patos ¿os suenan los patos? A los habituales de la serie seguro que sí.
- El nombre del episodio (Made in America) puede referirse a muchas cosas.
Puede ser sobre la saga de los inmigrantes que habían hecho su vida en
Estados Unidos. Puede ser también un chiste sobre las camionetas SVU,
típicamente americanas, cuyos dueños no tuvieron mucha suerte
(uno se aplastó la cabeza, el otro casi explotó junto con el coche.
Otra posibilidad es que sea un nombre más metalingüístico,
sobre la producción cultural del país (alguien ha comentado, que
la verdadera expresión artística de EEUU son las series. Viendo
series como Los Soprano es fácil entender el porque de la afirmación.
La analogía más obvia sin embargo, es aquella que traduce “made”
como “muerto”, lo que se encaja como un guante en la escena final.
Esa escena que va a generar polémica por algunos años. Resumiendo:
Tony, Carmela y AJ y familia están cenando en una cafetería. Un
hombre raro los observa. Meadow está estacionando el coche. El sospechoso
entra en el servicio. Cuando Meadow está a punto de entrar en la repostería,
la cámara da un primer plano Tony. De ahí viene un corte seco
de pantallazo negro y silencioso. Fin. David Chase, espabilado que es, sabía
que con un final así haría que su serie sería eternamente
comentada.
Y más que esto, dejó diversas pistas: en una escena del episodio
Soprano Home Movies, reanudada al final de Blue Comet, Bob le dice a Tony que
“nosotros nunca vemos cuando (la muerte) ocurre”. Hay quien dice que
los anillos de cebolla que los personajes están degustando simbolizan
aureolas, ya que ellos morirán pronto (vale esta es algo hortera...).
Otra referencia es cuando Tony en una conversación con Carm en medio
del episodio, él tiene una naranja, que en las películas de la
trilogía El padrino es un prenuncio de la muerte.
La verdad sea dicha: por más que Chase se esforzase, él difícilmente
escribiría un final que dejaría a todos los fans satisfechos.
Si todo acabase en una carnicería, sería demasiado cliché.
Si nada sucediese, y la escena prosiguiese normalmente, sería anticliche
de más, lo que de cierta forma es un cliché de la serie.
Terminar de esa forma es un acto un tanto provocador (como la serie siempre
lo fue), además de servir para aguzar la imaginación de los fans.
¿Será que Michael Corleone Wanna Be hizo explotar a Tony y a su
familia? ¿O será que ellos fueron felices para siempre, y Tony
acabó muriendo de un infarto mientras juguetea con su nieto en una plantación
de tomates?
Irónicamente, la serie símbolo de una emisora que está
más interesada en la riqueza artística de sus productos, que en
los lucros exorbitantes proporcionados por series que nunca terminan, terminó
con lo que sería un gran gancho para otra temporada o quien sabe si una
película. Pronto, en los cines.
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