Se le ha visto suelto en la sesión de tiro que ha tenido en el plató
de 'Los hombres de Paco'. ¿No estará practicando por si tiene que
echar mano de la pistola en la nueva temporada de 'El internado'?
(Risas) Hasta ahora tampoco es que la haya utilizado mucho, pero en el futuro
seguramente la utilizaré más. Me da a mí en la nariz...
Me han dicho que siente usted devoción por 'Los hombres de Paco'...
Sí, me gusta. La sigo con relativa frecuencia. Hasta participé
en un capítulo con un papel muy breve. Era el primo de un policía
que llegaba del pueblo, le llamaban El Cortito por tener ciertas limitaciones.
Lo pasé muy bien.
¿Cómo se presenta la temporada para Fermín?
Se presenta muy luchadora, veremos a un Fermín muy peleón que
empieza a solucionar temas que había dejado pendientes la temporada pasada
y que le inquietan.
Si fuera Fermín, ¿lo dejaría todo para abandonarse
en los brazos de María?
Es una buena pregunta. Pienso que hay algo que le puede mucho, y es el deber
de cumplir una misión. Sería una decisión muy difícil.
Emocionalmente, lo que quiere es estar al lado de María, pero la tarea
que le han encomendado es importante y justa. Eso le crea un conflicto muy gordo.
Si fuera Fermín, creo que tendría que terminar lo que empecé
y luego me iría con María.
¿Apostaría a que María y Fermín acabarán
sus días juntos?
Claro que sí, si el amor es fuerte siempre hay que apostar por él.
Lo que ponga en el guión da igual (risas), que las circunstancias son
muy complicadas. Tienen un amor con unos pilares muy bien sujetos.
Fermín es el cocinero del internado, pero cocina pocos platos...
(Risas) Corto alguna cebolla y algún calabacín, pero poco más.
Cocino muy poco, pero se deja entrever que de vez en cuando Fermín da
de comer a 400 personas.
¿Y es usted cocinillas?
Algo, mi plato estrella es la tortilla de patata. Me gusta mucho cocinar, pero
no se hacer platos sofisticados, soy mucho de experimentar y lo que mejor me
sale hasta ahora es la tortilla. También estoy descubriendo que tengo
dotes para la paella. Eso sí, todavía no he tenido la oportunidad
de invitar a mis compañeros y al equipo a tortilla, es una cuenta pendiente
(risas). ¡A mi novia le gustan mucho los platos que hago!
¿Qué se le da mejor a Fermín, la pistola o la cuchara?
Se de le dan mejor las pistolas, pero la cocina es su gran afición.
Es como yo, que creo que se me da mejor ser actor que cocinar, pero hacemos
las dos cosas (risas).
Cuénteme algo de Fermín.
Pues que ha sido algo inesperado, porque, en un principio, mi personaje no
iba a tener el protagonismo que ha acabado teniendo al final.
¿Qué es lo que no soporta de Fermín?
Quizá que es una persona que se involucra mucho sentimentalmente con
lo que sucede. Eso es un poco incompatible con su misión. Si lograra
trabajar sin involucrarse emocionalmente, le iría mejor.
¿Sabe cómo va acabar la serie?
No tengo ni idea, no se ni como va a acabar el último capítulo
que he grabado.
¿No se hace a veces un lío con las historias de El internado?
Sí, me pasa totalmente. Me pierdo muchísimas veces en las tramas.
De hecho, he tenido que revisar en algunas ocasiones capítulos anteriores
para intentar centrarme y recordar lo que sucedía. Incluso he tenido
que preguntar a algún aficionado a la serie o a algún amigo que
me explicara qué pasaba en este capítulo o en este otro.
¿Cuáles son las claves para que lleve funcionando tanto tiempo?
Es una serie diferente que ha planteado un tema diferente. Hacer una historia
de misterio con ese corte fantástico y con una producción tan
cuidada es algo novedoso en España. Luego están los conflictos
entre los personajes que enganchan al público, unos jóvenes perdidos
buscando a sus padres, amores no correspondidos, reconciliaciones con el pasado...
Son temas universales que siempre dan juego.
En una película sabes el principio y el final, pero aquí no
¿le gusta no saber el final para ir trabajando día a día
el personaje?
Me gusta, me parece muy sugerente, siempre y cuando no se escapen detalles.
A veces, para dar vida a un personaje te hacen falta datos del pasado o del
futuro del personaje, y del futuro son muy reticentes a dártelo. Siempre
y cuando no sea una traba para trabajar, me parece una manera muy sugerente
de grabar.
¿Y es mérito suyo que haya ido cobrando cada vez más
peso?
No lo sé. Supongo que algo habré tenido que ver porque soy el
actor. Creo que se mezclan varios factores. Por un lado, el perfil del personaje
es bastante atractivo para la gente. Es un tío de acción que,
a la vez, da muestras de ser sensible y bueno.
En 'El internado' se le ve a usted más cuajado que a algunos de sus
compañeros. ¿Tiene algo que ver que haya estudiado Arte Dramático?
No sé si es una ventaja, pero creo que es importante. Es bueno adquirir
cierta base antes de dedicarte a esto. Cuando no se tiene, supongo que hay un
elemento maravilloso que es la intuición, pero esta no debe convertirse
en el 100% del trabajo. Creo que la interpretación es un 50% de intuición
y un 50% de técnica. Lo que pasa es que la televisión y el cine
dan muchas veces oportunidades a gente muy joven que no ha podido formarse,
pero que tienen una gran capacidad de intuición que a los actores profesionales
se nos olvida a veces.
Ese discurso parece estar hecho pensando en otras series donde proliferan
los jovencitos/as convertidas en estrellas mediáticas sin formación
ni experiencia, ¿no?
Yo creo que eso puede ser muy peligroso, porque se confunde bastante el hecho
de ser actor y el de ser famoso. Últimamente, hay un boom muy grande
de esta profesión. Supongo que hay un tipo de programas que la han potenciado
mucho, pero no han dejado clara la frontera entre ser famoso y ser un verdadero
actor. La fama y la popularidad te llegan con mucha facilidad cuando estás
en una serie de éxito, y eso puede distorsionar la realidad. Hay una
profundidad en nuestra profesión que es imposible explorar en ciertos
medios. Les recomendaría a esos jóvenes que estudiaran y adquirieran
bagaje profesional.
Después de 20 obras de teatro y solo dos breves papeles en cine, me
imagino que no hay color en cuanto a sus preferencias en el mundillo...
No. El teatro es donde mejor me encuentro. Es como estar en casa. En el escenario
encuentro ciertos desahogos y veo que crezco como actor, porque siento una libertad
que otros medios no te dan. La tele la conozco un poco más, pero el cine
no lo conozco.
¿Usted, que tiene ya un club de fans, se ve guapo...?
La verdad es que no mucho (ríe). Tengo un amigo que siempre dice que
soy el más feo de sus amigos. Lo dice sinceramente y no puedo evitar
compartir en parte su opinión. No me veo como prototipo de guapo. De
hecho, cuando voy por la calle nadie se fija en mí.
¿Cómo lleva lo de la popularidad?
Va por días. Ahora mejor, pero al principio lo llevaba peor. Es algo
a lo que cuesta acostumbrarse, sobre todo yo, que soy muy celoso de mi intimidad
y muy tímido en ciertas situaciones. Me resulta incómoda la popularidad,
pero voy adaptándome. De todos modos, hay ciertas calles que, si están
muy frecuentadas,
procuro evitarlas.
¿Es verdad que le echaron de una serie por feo?
Bueno, fue por no ser lo suficientemente guapo. Grabé el capítulo
piloto de la serie de Tele 5 'Veintitantos'. Me tocaba hacer de novio de la
protagonista. Cuando se iba a emitir, me llamaron para decirme que no me ajustaba
a las características físicas del personaje. Y decidieron cambiar
de actor sobre la marcha. Lo más gracioso es que luego, tomando una copa
un día, coincidí con unos compañeros que casualmente tenían
algo que ver con esa producción. Ellos estaban hablando sin saber que
yo les escuchaba. Decían: "¿Os habéis enterado de
lo que le ha pasado a un pavo que lo han echado por feo? A mí me pasa
eso y me muero". Entonces me di la vuelta y les dije: "¿Estáis
hablando de lo de 'Veintitantos'? Pues el feo soy yo". ¡Te lo juro!
(se ríe) .
Mucha gente no sabe que usted era uno de los protagonistas de aquel famoso
anuncio del Atlético de Madrid en el que un miliciano le perdonaba la
vida a otro del bando contrario en plena guerra civil...
Fue hace seis años y supuso una experiencia fantástica. Era de
las primeras cosas que hacía en plan profesional. Se preparó como
si fuera una micropelícula, con ensayos rigurosos, un director de la
talla de Benito Zambrano... Todo muy serio. Fue un pelotazo.
¿Y qué hacía un madridista como usted haciendo propaganda
colchonera?
Bueno, yo desde pequeño he sido del Madrid. Pero a raíz de grabar
el anuncio me hice muy atlético.