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La temporada cuatro de 'Sobrenatural': de Lázaro a Lucifer

Comentarios sobre la cuarta temporada de la serie.

De Lázaro en Lucifer, de la resurrección al apocalipsis. Es el trayecto que propone la cuarta temporada de Sobrenatural que ha sido un éxito. El primer episodio se titula Lazarus Risingy el último Lucifer Rising. Un éxito notable, hasta el punto de que mucha gente se asombra de que la serie siga en CW y que no haya encontrado su sitio en una cadena más importante, con el fin de ser correctamente popularizada. Sam y Dean Winchester continúan surcando los Estados Unidos para acosar a todas las formas de expresión del maligno. Pero en la temporada cuatro, las cosas son un poquito más complicadas. El lienzo que sirve de fondo para el conjunto de los capítulos es más sólido y más original: ambos hermanos son investidos de una misión que sobrepasa sus pequeñas actividades de cazadores y, a fuerza de luchar y luchar contra el mal, la contaminación acecha.




Todo comienza con una especie de renacimiento de Dean que ellos consideraban muerto y que, como Lázaro (amigo de Jesús, según el apóstol Juan), se levanta y anda de nuevo. En el caso de Dean, sale de su tumba. El paralelo entre la salida de la tierra y el parto no es nuevo, pero pasamos rápido sobre esta escena y nos concentramos sobre los nuevos problemas del chico. Va primero a deber demostrar que no es un demonio. Cumplida esta formalidad, tiene que tratar de recobrar la confianza que su muerte causó. Por muy contento que se pueda estar de encontrarse con alguien al que crees haber perdido, no podemos evitar sentir una pequeña picazón o desconfianza. Esto también les ocurre a ambos hermanos. Ellos prueban lo que podríamos probar en un caso igual y nos hacen darnos cuenta de nuestros sentimientos fijándolos sobre el lienzo del que hablábamos.

Dean y Sam saben que gozan de un sostén inesperado, el del ángel Castiel, el emisario venido para guiarlos sobre el camino de su destino. Castiel (Misha Collins), no cumple correctamente su tarea, y es su jefe Zacharie (Kurt Fuller) quien toma el relevo al final de temporada. A causa de la razón de la resurrección de Dean y la razón de la transformación lenta de Sam (¿es realmente un demonio? lo sabremos tal vez en la temporada 5) hay que activar el apocalipsis. Hay que convocar a Lucifer para que finalmente se celebre una guerra f entre el Bien y el Mal. Guerra que Zacharie (que nunca reconoce trabajar para Dios) no duda un instante en que puede ganarse. Es bastante fácil adivinar que acontecimientos recientes de la historia americana se esconden detrás de esta metáfora. Para que luego digan que con las series no se aprende.




La introducción del ángel Castiel y de Zacharie constituye una idea excelente. Primero, porque la ayuda de la que saca provecho Sam y Dean no es solamente Bobby Singer (el formidable Jim Beaver), sino la ayuda frente a lo sobrenatural. Esto refuerza evidentemente la tensión dramática y, esto desde el primer episodio de la temporada. Esto permite, además, guiar y volver a lanzar la historia cuando sea necesario. Misha Collins es muy convincente en su papel y con su impermeable ajado. Le daríamos nuestra alma a Dios por él, sin confesión, poniéndola en sus manos. Sus relaciones con Dean forman parte de los mejores momentos de la temporada. Ambos personajes se completan a las mil maravillas.

Por su parte, Kurt Fuller aporta un toque casi demoníaco y nos dejaríamos engañar si no afirmara él mismo ser un mensajero del bien. Su aparición se hace a favor de un episodio donde el sueño lo disputa una vez más lo ridículo y lo grotesco. Este juego permanece como una de las marcas de fábrica de la serie y los creadores Eric Kripke y McG no renunciaron a ello. El cielo se puede alquilar, el alma no y el alma de una serie menos. Los diálogos quedan siempre raros y hay que reconocer que Jensen Ackles posee un talento excepcional para salir de lo absurdo con la seriedad de quien sabe perfectamente lo que hace y que lo que hace parezca serio e importante.

Finalmente, último hallazgo de esta temporada: la vida de Sam y de Dean sigue exactamente los rebotes imaginados por un escritor oscuro de novelas de ciencia ficción. Dean y Sam encuentran el rastro de este último pero no llegan a orientarse sobre su destino.




El enfrentamiento final entre Lilith y Sam, con la muerte de esta última, abre totalmente las grandes puertas de la quinta temporada en un pozo de luz surgido del suelo. El combate transcurre en una capilla donde un sacerdote poseído había masacrado alegremente a unas monjas. La escena demostraba una vez más la capacidad de Kripke y McG de hacernos sonreír a pesar del carácter trágico y repugnante de las imágenes. Hay siempre un elemento que hace que nunca nos creamos completamente lo que vemos, pero curiosamente esto no es malo en la serie, esto es lo que nos permite seguir adelante. Nos vemos convidados sin cesar como espectadores a conservar la libertad de observar todo esto desde el borde de la escena.

Hace tiempo que la serie pasó de ser una trama para quinceañeros a buscar metas mayores. Esta cuarta temporada es una buena prueba de que lo ha conseguido.







Sábado, 13 de Junio del 2009 - Regresar a la portada - Licencia de Contenidos









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