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En Los Ángeles, entre pequeños hurtos, homicidios, guerra de los gánsters y sus problemas personales, los policías tienen muncho de qué ocuparse.
Novedad de la media temporada, esta primera temporada de Southland consta sólo
de 7 episodios algo venido como consecuencia de la sociedad de producciones al
frente del destino poco glorioso de las últimas series NBC. Es poco, pero
suficientemente para permitirle instaurar sus códigos y familiarizarnos
con sus personajes.
Después de un piloto un poco frío y distante, el tono va a evolucionar
ligeramente para ofrecernos una aproximación más personal y menos
didáctica del trabajo de los policías, con uniformes o no. Aparece
entonces bastante claramente que la vida privada de estos representantes de
las fuerzas del orden va a jugar un papel poco despreciable, y esto, en decrimiento
de la parte policial. Una elección que se vuelve a la vez interesante
y problemática. Siendo importante el número de protagonistas,
eso los hace limitados, a pesar de su potencial mientras otros tienen demasiado
espacio para explayarse.
Parece pues que la corta duración de esta temporada haya empujado a
los guionistas a desarrollar intrigas que les permitían mostrar ampliamente
lo que Southland podía contar y, sobre todo, cómo. La forma no
está cuajada y es con la gestión de los personajes con la que
todo se desarrolla como llegan una gran variedad de historias policiacas. Entre
riñas conyugales, problemas de gánsters o homicidios, nuestros
polis también deberán pelearse contra la administración.
Esto no parece siempre creíble, pero los detalles tienden poco a poco
a borrarse detrás del cristal del televisor y eso aporta un sello más
auténtico.
Componiéndose de todos estos elementos, Southland se muestra ambiciosa
aunque teniendo en cuenta que sólo han sido siete episodios, todavía
ha de probarnos que puede hacer con una duración mayor. Hay que decir
que John Wells ya estaba detrás de Third Watch ("Turno de guardia"
en España) que, en cierta forma, no era una serie tan distinta a su última
creación, y su evolución en el drama fácil y abusivo no
asegura claramente la perennidad de las aventuras de los polis.
Es pues difícil dar una opinión tajante y definitiva sobre esta
primera temporada, porque ella aporta muchas cosas, pero no muestra verdaderamente
algo nuevo. Unos personajes son interesantes, otros no, también, algunas
historias merecerían ser desarrolladas, pero otras no. Así como
comentábamos con el piloto, hay potencial y poco tiempo para convencer.
Ha sido en todo caso suficiente para animarnos a seguir viendo la segunda temporada.
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