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Contenido spoiler.
La temporada concluye tal y como muchos ya preveíamos, con la boda.
Pero antes de llegar a ella pasan un gran número de cosas, con objeto
de meternos las ganas en el cuerpo de seguir viendo a este ángel asesino
una temporada más.
Comenzamos con Miguel. Había que administrar su muerte y, una vez más,
Dexter va a preparar el terreno para eliminar los imprevistos. Un solo resto:
Ramon. El hermano impulsivo, la bestia herida que hay que matar. Todo se va
a desarrollar de manera bastante inteligente y hasta un poco sorprendente. Era
difícil de imaginar que el asesino acabaría por preferir el diálogo
a su escalpelo, pero esto funciona muy bien. Dosis de honradez que nos revelan
que Miguel era peor de lo que nosotros creíamos y qué, finalmente,
Ramon parece libertado, ahora que es el único. La resolución de
esta parte de la historia en los capítulos finales mezcla tintes dramáticos
con una facilidad infantil que resulta cómica.
Luego, tenemos a Quinn. Pues va a ser que no, de hecho, no hubo nunca una historia
alrededor de Joey Quinn. Algo completamente aplicable a Angel y su nuevo amor.
Va a ver a Laguerta para confesarle cómo encontró a la elegida,
pero María ya ha decidido que no hay que vivir tanto centrada en el trabajo.
Así es como aceptó que Debra obtenga la placa de detective aunque
a la hermana del protagonista se le pondrán las cosas difíciles
cuando Angel se entera de lo ocurrido con Anton. Todo parece que se desarrolla
suavemente aunque nos queda un asunto más, nos queda King.
King tiene a la vista un blanco: Dexter. El enfrentamiento entre ambos asesinos
ha tardado en llegar algunos episodios, pero era inevitable. Cuando llega, es
casi decepcionante, porque el momento es escogido para que Harry y su hijo hagan
las paces. El fin de la temporada 2 los había dejado, por decirlo de
alguna manera, metidos en un barreño de hielo. El alumno que quiere emanciparse
del profesor, pero debíamos tener fe en creer que el código era
demasiado fuerte, como nos lo habían explicado una y otra vez en la primera
temporada y podía reunirlos. El fin de King es, a este nivel, más
que accesorio. Es el detalle que había que ajustar por obligación.
De hecho, lo que verdaderamente cuenta, es que todo esto hizo evolucionar a
Dexter. Está sereno, aceptando su papel de padre y de marido. Tenemos
el derecho a un final feliz que deja un sentimiento de realidad en nuestro espíritu.
Un sentimiento de casi normalidad.
Y esto es casi paradójico visto que, finalmente, la temporada fue bastante
pobre, buena pero pobre. Pobre porque entre Miguel y Dexter no se ha explotado
la historia como debería y fue en realidad Debra la que se llevó
la mejor trama con el caso de Skinner aunque no se haya aprovechado convenientemente.
El resto de los figurantes tampoco han gozado de una historia consistente por
lo que duele decir que es una temporada humilde, pero es la realidad. Ha tenido
momentos muy buenos, pero nada ha sido suficiente como para poder ocultar el
hecho que hubo que esperar tres cuartos de temporada para que despegase. Y que
acabe a un nivel bueno no nos puede hacer olvidar las piedras del camino, por
mucho que en la meta nos haya servido un buen banquete.
La temporada 4 comenzará con una nueva base dado lo cerrada que ha quedado
la trama que hemos vivido en la temporada 3 por lo que esperamos que sea más
cautivadora. Una cosa es cierta, hasta una mediocre temporada de Dexter es mejor
que el 90% de las buenas temporadas de otras series.
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