La serie celebra su décimo aniversario con una nueva cabecera que durará un minuto y que ha tardado en rodarse más de un día con un centenar de personas trabajando en ella.
Eduardo Fernández publica hoy en El
mundo una interesante explicación de como se ha logrado hacer la
nueva cabecera:
"Vemos el coche del comisario desde el aire. Junto a él, la sombra
de un helicóptero. Imágenes del helicóptero. Coche del
comisario que avanza a toda pastilla". Las cabeceras de las series, las
imágenes de inicio sobre las que se impresionan los créditos,
también parten de un guión, en este caso más propio de
una ficción made in USA. Y del papel van al set de rodaje, en Casarrubios
del Monte y con poco que envidiar a Hollywood.
'El comisario', de Telecinco, trasladó su equipo al aeródromo
de este pueblo toledano para grabar su nueva cabecera. Dos soleados días
de esfuerzo, 30 horas de sofocantes grabaciones y el trabajo de casi un centenar
de personas para sólo 17 planos, que una vez en la pantalla ocuparán
un único minuto.
Tito Valverde toma la fresca cobijado por uno de los hangares. "¿Parece
una producción norteamericana? Pues somos nosotros", presume el
protagonista, en camiseta. Lo acompaña Marcial Álvarez (Pope en
la ficción), en lo que define como "las largas esperas en el desierto".
A unos metros, donde el sol abrasa, pasa como un espejismo Fernando Andina,
Lucas para la audiencia.
"¡Ven aquí! Te lo dice el comisario, no Tito. Y al comisario
lo obedeces", ordena Valverde. "Ponte el traje o no tienes autoridad",
le replica el agente, que acata finalmente las órdenes de su superior.
Se relajan y cogen aire para la escena, en la que participan 11 coches y dos
helicópteros de la Policía. Andina ha llegado a las 10.00 horas.
"En vacaciones", apostilla. "Yo a las tres. Por algo soy el jefe",
interrumpe Valverde.
La serie española más longeva, producida por BocaBoca,
mantenía la misma cabecera desde su nacimiento, allá por 1999.
Han decidido cambiar su gancho de inicio en esta nueva temporada, la 12ª,
que se estrena el próximo viernes. "En la nueva cabecera queremos
reflejar la cantidad de exteriores de la serie, una media de cuatro episodios
de cada 10", explica Pepe Picazo, director de Producción de El comisario.
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Cinco cámaras
Esta sucesión de trepidantes imágenes se condensará en
el tiempo récord de un fugaz minuto. Arranca con los compañeros
del comisario vigilando una nave. Le mandan un SMS al jefe: "Corre",
reza el mensaje. El comisario Gerardo Castilla lo recibe al amanecer y se pone
en marcha. Ducha, café y carretera hasta abandonar la ciudad. En mitad
de la polvareda, una decena de coches y un helicóptero se suman al comisario.
Un caso y la cabecera que da paso a la serie comienzan.
"¡Fuera inmediatamente!", grita un miembro del equipo de producción
a los curiosos. Dos helicópteros de la Policía Nacional están
a punto de aterrizar. Los pájaros huyen aterrorizados. El cielo, libre
de nubes, acompaña, pero el polvo nubla la vista, y, el ruido, los oídos.
Picazo tiene que gritar para explicar los detalles: "¡Tenemos tres
cámaras de vídeo de alta definición, una de 16 milímetros
y la del helicóptero!".
Los pilotos son verdaderos agentes de la Policía, un paso más
en la asociación de esta serie y las Fuerzas de Seguridad. "Algunos
coches nos los presta la Policía", continúa Picazo, que reconoce
que "la productora paga el combustible". Tantos años de trabajo
han desembocado en una amistosa simbiosis: "La Policía supervisa
los guiones y, gracias a 'El comisario', ha ganado voluntarios".
Es hora de la formación en cremallera de los vehículos y el vuelo
rasante de los helicópteros. Por lo tanto, también del trabajo
de los dobles. "Se juegan la vida por dos duros y nosotros nos llevamos
la gloria", sentencia sin tapujos Andina. El comisario cree que sus hombres
no los necesitan: "A Fernando lo he visto saltar cinco metros en una explosión
y Marcial le rompió a Charlie una costilla de un abrazo. Son dos toros".
Nueve años de 'El comisario' dan para mucho, incluso para albergar sentimientos
gremiales. Tombovskaya ya no suena a marca de vodka y le prestan "más
atención a ese tipo de noticias, como lo del sheriff de Coslada".
El uniforme parece haber poseído a un orgulloso Valverde: "La Policía
Nacional son los nuestros. Somos los que nos la jugamos. Les llamo 'mis chicos'".
Sus compañeros los recompensan, pero a algunos más que a otros.
"Te ponen las multas, pero con una sonrisa. Luego te piden un autógrafo
y se hacen una foto", explica Andina. Enmudece al escuchar a Álvarez,
quien reconoce las simpatías que despierta su personaje, Pope: "Yo
me he librado de unas cuantas... Está feo decirlo".
Otros no se han beneficiado tanto. José Luis está en la serie
desde el primer capítulo. "En el 99, empecé sin perilla.
Era policía de proximidad, con una moto. Luego, por la edad, me pasaron
a la comisaría", expone, orgulloso de sus galones. A pesar de esta
fidelidad, apenas ha pronunciado media docena de frases en la serie. Es un extra.
Como su compañera, la benjamina Sonia, que también trabaja por
las noches como auxiliar de enfermería. Es su turno, así que abandonan
el bar del aeródromo, donde les acompañaban unas cervezas que
desentonan con el brillo inmaculado de las placas policiales, "las únicas
de la televisión que son metálicas", subraya José
Luis.
La última secuencia, tras cuatro tomas, concluye con éxito: los
coches y los helicópteros han armonizado sus movimientos hasta que el
comisario Castilla baja del vehículo y alcanza a sus compañeros.
Todo el equipo aplaude, sin que los vítores rivalicen con la atronadora
presencia de los helicópteros. Esperan que su regreso sea igual de ruidoso,
un regreso con tintes cinematográficos: en las pantallas, a partir del
viernes.
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