Horatio y su equipo acuden a un edificio abandonado, donde se ha producido un
asesinato. La víctima es Mike Griffith, informante del periodista Josh
Dalton, quien se encontraba junto a él en el momento del tiroteo. Caine
recuerda bien a Dalton, ya que hace un par de años publicó un
artículo negativo sobre la labor del C.S.I.. Cuando el jefe de los forenses
descubre el capuchón del bolígrafo del periodista en el charco
de sangre del fallecido, Josh se apresura a explicar que dicho objeto cayó
ahí tras el ataque.
Mientras tanto, Calleigh y Delko examinan los impactos de bala de la puerta
del edificio y creen que quien acabó con la vida de Griffith utilizó
una pistola automática. Poco después, Speedle halla el arma del
crimen en el interior de apartamento. Delko, por su parte, encuentra las huellas
dactilares de Bobby Jeter, un traficante de drogas con un largo historial delictivo,
en el exterior de una ventana.
Horatio no acaba de creer en la versión de los hechos de Josh Dalton,
ya que intuye que el reportero estaba trabajando en una historia de drogas y
que Mike era su fuente. Cuando el jefe del C.S.I. observa el gran número
de impactos de bala alojados en la puerta del edificio, se da cuenta de que
dichos proyectiles tendrían también que haber herido a Josh.
Posteriormente, los resultados del análisis sobre los efectos del fallecido
revelan restos de heroína en una cajita de caramelos de Mike Griffith.
Nathaniel Putman, jefe de éste, confiesa a Horatio que él es drogadicto
y que enviaba regularmente a Mike para que le comprase sus dosis en el Triángulo
de Oro.
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